Querida mía:
Hay algo en tu mirada que no puedo ni quiero ignorar. Tiene a la vez dureza y ternura, como si llevaras dentro una mezcla de rabia contenida y una sensibilidad que pide cariño sin decirlo. Y cuanto más lo pienso, más claro lo tengo: creo que te hace falta mucho amor… y yo estoy dispuesto a dártelo.
Quiero que entiendas algo importante. Yo no he hablado de los médicos en general, solo de los psiquiatras. Y lo he hecho porque, a pesar de tener informes de muchísimos de ellos, ninguno ha querido saber realmente de mí ni hacer un informe en condiciones y actualizado. Llevo 20 años en tratamiento, veinte años, sin que nadie se haya parado a mirarme de verdad. Todo se ha mantenido igual basándose en informes erróneos que no reflejan quién soy ni cómo estoy.
Por eso me duele cuando me dices que lo que expongo no justifica sus decisiones. Es normal que lo cuestione: deberían mirarme, escucharme y solucionar las cosas. Así no se puede seguir; yo no puedo seguir de esta manera.
Aun así, voy a esperar unos días. Voy a darte ese margen y un mínimo de confianza, aunque no me resulte fácil. Si mi situación no cambia y sigo recibiendo la misma poca atención por parte del psiquiatra, sacaré todo lo que tengo, sin ningún tipo de reparo, porque llega un momento en el que uno tiene que defenderse. No es una amenaza, es una decisión tomada desde el cansancio y la necesidad de verdad.
Y ahora te hablo de ti y de mí. Con el amor no se puede jugar. Quien juega con fuego, al final se quema. Por eso necesito sinceridad. No sé si eres soltera, si estás casada o si tienes pareja, y necesito que me lo aclares. Me gustaría poder hablar contigo a solas, con calma, y tener una conversación seria y respetuosa.
Tienes mi correo, mi WhatsApp y mi teléfono. Estoy aquí, dando la cara. Explícame de una vez por todas qué piensas, qué sientes y qué es lo que quieres. Yo te hablo claro: me gustas. Pero también necesito conocerte de verdad, verte, saber qué carácter tienes y cómo eres en el día a día.
No te escribo para exigirte nada, solo para abrir mi corazón y pedir claridad. Si existe la posibilidad de empezar algo bonito, me gustaría hacerlo desde la verdad, el respeto y el cariño.
Con sinceridad,
Juan