
Hace aproximadamente veinte años se produjeron unos hechos que marcaron mi vida de manera profunda y definitiva. Quiero dejar constancia, en primer lugar, de que estuvimos casados durante 32 años, y que no mantenía una relación deteriorada con mi entonces esposa. La relación, hasta ese momento, era aparentemente normal. Sin embargo, considero que ella fue preparando una situación de forma deliberada con el objetivo de provocarme y finalmente conseguir echarme de la vivienda.
Manifiesto igualmente que, si todo este procedimiento y las actuaciones posteriores se hubieran fundamentado en la existencia de una supuesta infidelidad por mi parte, quiero dejar constancia de forma clara y rotunda de que nunca he sido infiel a mi exesposa. Siempre la he querido mucho, he estado profundamente enamorado de ella durante todos los años de matrimonio y así lo he demostrado. A día de hoy incluso me cuesta creer y asimilar lo que ha sucedido y las actuaciones que se han llevado a cabo en mi contra.
Asimismo, declaro que nunca he agredido a mi exesposa ni he ejercido violencia alguna contra ella. Como cualquier persona, tengo mi carácter, pero jamás la he maltratado ni física ni psicológicamente, ni he tenido conductas violentas hacia ella en ningún momento.
Con anterioridad a los hechos principales, comencé a ser sometido a una presión psicológica constante, tanto por parte de mi esposa como de mi hija, que en aquel momento tenía 19 años. De manera reiterada se me decía que veía cosas que no eran reales, que tenía problemas mentales y que mi percepción de la realidad no era válida, colocándome progresivamente en una situación de indefensión.
En ese contexto se produjo una discusión grave. Durante la misma, mi esposa me clavó las uñas en la espalda, causándome dolor físico. En un momento de gran alteración, reaccioné cogiéndola del cuello, sin causarle daño alguno ni intención de hacerlo. Este hecho fue presenciado por mi hija y, a partir de entonces, mi esposa interpuso una denuncia contra mí.
Tras la denuncia fui expulsado de mi propio domicilio. La policía me dio aproximadamente una hora para recoger mis pertenencias, sin posibilidad real de llevarme mis herramientas de trabajo ni otros efectos personales importantes. Salí de mi casa prácticamente con lo puesto, sin trabajo y sin ingresos.
Posteriormente se dictó una orden de alejamiento. A pesar de ello, me acerqué en una ocasión al domicilio de Fuenlabrada con el único propósito de recoger mis herramientas de trabajo, que se encontraban guardadas en el trastero de la vivienda. Como consecuencia de ello, mi exesposa volvió a denunciarme. Cuando llegué al portal, la policía ya me estaba esperando, procediendo a mi detención y pasando nuevamente la noche en el calabozo.
Posteriormente, fui detenido en Fuenlabrada y trasladado al hospital del mismo municipio, donde se me ingresó con el fin de comprobar si presentaba lesiones. Durante este ingreso hospitalario, la policía me mantuvo esposado a una cama. Tras estas actuaciones, el juez competente acordó dejarme en libertad.
No obstante, a pesar de dicha decisión judicial y existiendo ya una orden de alejamiento vigente, fue mi exesposa quien solicitó y promovió mi ingreso en un centro psiquiátrico, alegando que temía posibles represalias por mi parte. Como consecuencia de esa petición, se decidió finalmente mi ingreso psiquiátrico, sin que mediara una orden judicial específica de internamiento en ese momento.
Posteriormente, desde el Hospital de Fuenlabrada fui trasladado al Hospital Psiquiátrico Gregorio Marañón de Madrid, donde permanecí ingresado aproximadamente entre un mes y un mes y medio, como continuación directa de dicho ingreso.
Durante casi un año estuve desplazándome por numerosos lugares de España con la intención de rehacer mi vida y encontrar tranquilidad. Estuve en Barcelona, Tarragona y Badalona; Santander; Gijón y distintas zonas de Asturias; Valencia, Cullera y Alicante; Benidorm; Torremolinos; Fuengirola; Marbella; Cádiz; La Línea de la Concepción; Granada; Sevilla; Córdoba y Málaga, entre otros lugares, sin lograr estabilidad ni paz.
Finalmente, fui detenido en Fuengirola, sin que se me comunicara causa concreta alguna. La detención fue realizada por dos supuestos agentes, y disponemos de fotografías que documentan tanto la detención como a dichos agentes. Tras ello, pasé la noche en el calabozo.
A la mañana siguiente, el traslado al hospital psiquiátrico de Málaga se realizó en una UVI, acompañado por dos supuestos policías, de los cuales también existen fotografías. Una vez en el hospital, no existía orden judicial de ingreso, ya que la policía me dejó únicamente en la sala de espera y se marchó.
Las pruebas médicas no se me realizaron ese mismo día, sino al día siguiente. En esa segunda jornada se me practicaron diversas pruebas, entre ellas un escáner cerebral y pruebas cognitivas, pruebas cuyo propósito desconozco, ya que yo me encontraba perfectamente en ese momento. Considero que dichas pruebas se realizaron para justificar una detención previa que se produjo sin causa alguna, extremo que acreditaré con la documentación que conservo.
Debido a que llevaba casi 24 horas sin haber comido, salí momentáneamente del hospital, recogí una maleta con ropa y efectos personales y fui a cenar a las inmediaciones del centro. A pesar de ello, regresé voluntariamente al hospital, sentándome de nuevo en la sala de espera para evitar problemas. Posteriormente fui llamado y finalmente ingresado en el psiquiátrico de Málaga, donde permanecí un mes ingresado.
Posteriormente, tras recurrir el procedimiento ante la Audiencia, se dictó sentencia condenándome a 10 meses de trabajos en beneficio de la Comunidad de Madrid. Al manifestar ante la jueza que no estaba de acuerdo con dicha sentencia y que no iba a cumplir esos trabajos, se dictó una orden de busca y captura, siendo posteriormente detenido e ingresado en el centro penitenciario de Aranjuez, donde cumplí 10 meses de prisión.
Además, por el procedimiento relativo al quebrantamiento de la orden de alejamiento, se acordó un internamiento psiquiátrico de cuatro meses, que cumplí tras salir de prisión en el Hospital de Leganés, en régimen de ingreso, sin poder salir ni hacer vida normal.
En total, entre prisión e internamientos psiquiátricos, estuve privado de libertad durante aproximadamente 14 meses.
A día de hoy conservo autos judiciales, resoluciones, informes médicos, fotografías y documentación oficial, que aportaré para demostrar que los hechos relatados son reales y verificables, y que no padezco ningún trastorno mental que justifique el trato recibido.
Todo este proceso supuso la pérdida de mi hogar, mi trabajo, mi estabilidad emocional, mi salud física y mi vida normal. Lo aquí expuesto no es consecuencia de ninguna enfermedad mental, sino del desarrollo de unos hechos que me dejaron en una situación de absoluta indefensión.
Extraordinario


